Os dejo aquí otro interesantísimo reportaje llevado a cabo por nuestro amigo Fran Recio y Micaela Pedrosa, en el Hotel Colonia Puig, no tiene desperdicio, juzgad por vosotros mismos....
Dicen que cuando fallecemos observamos una luz, un camino que continua más allá de nuestra realidad física, otro plano existencial nos espera, sin embargo en ese momento no todos deciden continuar, hay quienes apegados por determinados sentimientos o por lo material deciden no continuar camino, a otros les sucede lo mismo pues son víctimas de la desorientación y el miedo, continúan viendo la realidad material, pero no pueden tocarla, su esencia, memoria y personalidad es la misma, pero se encuentran entre dos realidades, algunos llaman a este espacio entre una vida y otra, la interfase.
Todo esto varía según religiones o creencias, y a pesar de todo cuanto hay a favor de la existencia de esa interfase, bien es cierto que no se ha podido corroborar, las visiones cercanas a la muerte aportan gran y enigmática información, pero el sujeto que padece estas experiencias no llega a morir, por lo que no se pueden tratar como pruebas determinantes.
Nos empeñamos en buscar evidencias de un más allá, de una realidad paralela a la nuestra, no como algo sobre natural si no como algo desconocido.
En no pocas ocasiones tenemos evidencias de que “algo” que muestra una cierta inteligencia se comunica con nosotros y aventurarse a afirmar que son las almas de los difuntos es mucho decir, casi todos tenemos en mente esta posibilidad, pero tan solo unos cuantos nos atrevemos a decir que trabajamos sobre esta hipótesis.
Determinados enclaves en donde se han sucedido gran número de sucesos trágicos son ideales para la experimentación paranormal, pues aumentan las posibilidades de que esas impregnaciones, espíritus o almas aun se hallen ligadas al lugar.
Otra posibilidad que no hay que descartar es la que ciertamente o probablemente existan otras realidades y que bajo determinadas circunstancias se pueda establecer una comunicación, pero que en realidad no se trate de los difuntos, si no simplemente o complicadamente otro plano existencial.
Lo cierto es que desde el inicio de los tiempos del hombre, este siempre se a preguntado que hay más allá de la muerte y a la vez la posibilidad de manifestaciones de otras inteligencias que habiten en otros planos existenciales. Hoy, algunos de los que nos denominamos investigadores del misterio acudimos a determinados lugares y realizamos determinadas experiencias con el fin de probar la existencia de otras realidades, la matemática moderna admite la existencia de más dimensiones aparte de las nuestras, pero lo que habita en ellas continua siendo un enigma, pero volviendo al principio, en determinados enclaves estas manifestaciones pueden ser más propensas.
A pesar de nuestras vivencias y experiencias en el Hotel Colonia Puig, no son prueba determinante de nada, para algunos pueden ser simples invenciones, para otros fruto de alucinaciones mentales y víctimas de la sugestión, pero para mí son desde luego experiencias que incrementan mis ganas de continuar en la investigación y pruebas fiables, sean subjetivas o no.
Probar e intentar captar el fenómeno es un arduo trabajo y en la mayoría de las ocasiones y pese a la tecnología que algunos grupos de investigación emplean o empleamos, estos aparatos están diseñados para nuestra realidad y el hecho de obtener determinadas alertas de un detector de iones o la detección de anomalías magnéticas no tienen por que tener una relación directa con el fenómeno paranormal, pues si pretendemos captar un fantasma, por ejemplo, primero habría que saber de que está compuesto para después poder fabricar el equipo de detección apropiado.
Un lugar tampoco puede ser investigado ni experimentado en una única visita, pues aparte de la documentación previa, las experiencias in situ nos proporcionaran gran cantidad de datos.
El Hotel Colonia Puig aunque reconozco que en un principio había pasado totalmente inadvertido y sin interés para mí, en uno de los lugares claves en donde se pueden obtener manifestaciones, con el paso del tiempo el deterioro de este lugar es evidente y se produce de forma rápida, tal vez en unos años desaparezca, por eso nos apresuramos a visitarlo y experimentar en cuantas ocasiones tenemos.
Hotel símbolo de la burguesía y de clase alta, usado en tiempos de guerra como hospital de campaña, es hoy día apenas unas ruinas agonizantes que esperan un final, pero tantos sucesos trágicos se habrán vivido en muda congoja que desde luego hacen de él un lugar idóneo.
Como siempre nos moveremos en el terreno pantanoso de las experiencias subjetivas, pues no se trata de ciencia reproducible a voluntad y en laboratorio, son experiencias relacionadas con fenómenos aleatorios, los cuales posiblemente modifiquemos con nuestra simple intencionalidad, fenómenos que se percatan de que son observados y varían.
Los fenómenos están ligados íntimamente a nuestra mente, lo cual no significa que sea esta su procedencia, pero sí una vía de diálogo, tal vez el interruptor que debamos accionar para abrir la comunicación entre una y otra realidad.
Con tan solo unos instantes en el interior ya se respiraba “algo” en el ambiente, apenas quedan vestigios de lo que en su día fue este hotel, sin embargo ese algo anida en su interior, tal vez a modo de hogar.
A pesar de haberlo visitado ya anteriormente en varias ocasiones, cada vez es especial u aun cuando las sensaciones varían en intensidad dependiendo de donde nos encontremos, o mejor dicho de donde se encuentren, ya presentíamos que la tarde noche sería interesante, y así el canto entre cortado de un buhillo nos lo hacía presagiar, pues se comenta que estos animalillos perciben más que nosotros.
Decidimos experimentar en varios lugares, pero he de destacar cuando nos dispusimos a experimentar a pie de las escaleras que suben a la planta superior, la cual se encuentra en un estado muy ruinoso y peligroso, fuese lo que fuese, nos sentíamos observados y aquella sensación, el origen variaba de lugar, pero en muchas ocasiones como si se acercase a nosotros, dos grabadoras digitales y una cinta magnética convencional eran nuestros segundos oídos encargados de registrar cualquier voz o rap del cual no se percatasen nuestros sentidos.
Después del análisis, algunos registros psicotónicos impregnaron nuestras grabadoras, pero nuestra experiencia iría mucho más allá, y he de reconocer que me resulta arduo complicado el describir unas sensaciones y unas vivencias que para entenderlas hay que experimentarlas.
En varias ocasiones más y en varios enclaves sentíamos esas fuertes sensaciones, no es algo que se posicione en un determinado lugar, si no “varios algos” que se mueven, vienen y van.
Volveremos pronto a este enclave, pues algo me dice que “nos esperan…”